martes, 22 de julio de 2014

Dos malos tragos.

Me veo en la necesidad de escribir este breve post para explicar uno de mis últimos comentarios en las redes;

- Le dí dos tragos (involuntarios) al agua de los peces. Cuántos días de vida creéis que me quedan?

Aclaro:
 El otro día estaba limpiando el acuario. Mantener limpios y bonitos a esos pequeños resbaladizos no es tarea fácil y es un poco... asco asquete;
hay que limpiar los cacharritos donde se acumulan las algas; el termómetro, el calentador, a Bob Esponja, Arenita y Señor Plakton, la casita que parece un tronco, donde viven los fantasmas, y las plantitas y piedras de decoración.
Y el filtro!! esto es lo más cochino de todo. Cambiar el carbono, la esponjita...

Pero!!! también hay que limpiar la arena o piedrecitas del lecho, porque es donde poco a poco se van posando las cacas de pez, que no flotan y no aspira el filtro.
Antes, cuando era una aficionadilla del tres al cuarto, sacaba toooooda la arena y la iba pasando por un colador. Un tremendo tostón y si además se te va la mano, acabas con las bacterias buenas que los peces necesitan y te los cargas.

Ahora mi "kit profesional" consta de un aparato, que consiste en un tubo con un pequeño colador y una manguera.





Y!!! así llegamos al asunto. El artilugio en cuestión, funciona como cuando quieres robar gasolina al vecino. Metes el tubo entre las piedras y aspiras por la manguera hasta que esto empieza a succionar. Aspira la porquería que no pesa y la arena vuelve a posarse limpia en el fondo.

Así que, así amigas, aspirando por la manguerita mientras vigilaba para no aspirar ningún pez, acabé dando dos tragazos al agua más sucia de los peces. Puaj! puaj!
Por supuesto no me la tragué y me limpié los dientes y la lengua 15 veces. Dos veces...
Todavía no tengo síntomas. No me han salido branques ni aletas ni escamas, ni ronchas o un color extraño en la piel...

Y sí, limpiar a los pececillos es un rato largo de cochino trabajo cada 15 días, pero cuando terminas y esperas que el agua se regenere, te mueres de satisfacción al ver lo bonitos y brillantes que se ven las carpitas (Penélope, Cometa, Obesus, Doradito), las cebritas (Gene, Fred y Ginger), la monjita Sonrisas y el Sr. y la Sr. Fantasmas.

(quería adjuntaros un par de fotos aquí pero no he sido capaz... en facebook o instagram os enseñaré a mis chicos suavecitos :D)

Por tu culpa  Be!

Buenas noches sssshhhhhhhhhh!!

domingo, 20 de julio de 2014

PUNTITO CRÍTICO; Una reflexión del extranjero

Ayer a la que pasaba por el cuarto de estar a recoger algo de la cocina, mi estudiante holandesa Myrthe tuvo la necesidad de hablar conmigo.
Empezó a contarme que estaba leyendo en Factbook al novio de una chica que iba en el avión derribado. Enseguida a Myrhte se le quebró la voz y se echó a llorar sin consuelo, porque (me explicaba) no entendía cómo podían pasar esas cosas. Cómo una chica de su misma edad, que estudiaba también derecho y a la que, como a ella, le encantaba viajar y conocer gentes y lugares, podía acabar así tan de repente.
En fin... no tiene más. Le dí un pañuelo, un abrazo e intenté hacerle sentir mi pesar y mi común no entender.

Pero un rato después, viendo cómo le ha afectado a ella esta tragedia de su país, me ha hecho pensar en el mío. En “mi gente”.
Me ha hecho pensar en “cómo nos reíamos” o, como poco, “qué exagerados” nos parecían los estadounidenses ante el 11S.
- Uy! Otro programa “in memoriam”, uy! Otra canción que no ponen en la radio para que la gente no esté triste, uy! Más gente donando cosas, uy! Cuánta gente a favor de devolvérsela...
Os acordáis? Yo sí me acuerdo.

Recuerdo que también a mí me llamaba la atención la forma de empatizar de toda una nación. Recuerdo a los actores y actrices llorando, como si se les hubiese muerto su propio padre...
Así se sienten los holandeses ahora...

Y enlazando sentimientos... igual ahora me regañáis u os echáis todos encima por lo que voy a escribir, pero... enlazando sentimientos, pensaba que había algo de diferente entre ese sentir, ese pesar de mi estudiante holandesa y el sentir con el que nosotros, los españolitos de a pié (y ya ni te cuento los de vehículo oficial) aceptamos nuestras tragedias.
No sé... me dió la sensación de repente de que nosotros tenemos como... unas tragaderas más grandes, un asumir la fatalidad más liviano, un “qué le vamos ha hacer” en la boca. Una conformidad?

Puede que sea porque llevamos mucho más tiempo viviendo con la tragedia, con el terrorismo en casa, por ejemplo. Que nuestra historia esté marcada todavía por una guerra relativamente reciente... puede que estemos acostumbrados? acostumbrados a sufrir y reparar con más premura?

Sí sí, ya sé que en cada atentado, que en nuestro 11M o en cualquier tragedia, el pueblo español se echa a la calle, colabora como nadie, dona lo que no tiene... somos buena gente!

Pero no sé. No sé explicároslo... No sabría argumentaros en qué me baso para deciros que YO (porque esto es un pura reflexión personal) siento como si a algunos de fuera, a algunos privilegiados de fuera, la tragedia les pega más fuerte y o les queda más grande.

Será sin duda la falta de costumbre... mayores tragaderas (y esto debe ser una cuestión de supervivencia pura y dura...) tienen las madres en África o los países que viven sumidos en guerras desde nadie sabe cuánto tiempo...

Qué opináis?

Por tu culpa  Be!

Buenas noches sssshhhhhhhhhh!!

jueves, 20 de febrero de 2014

La chica de la galería

Estoy preparando unos post estupendos, pero llevan videos, imágenes y demás, y con lo torpe que soy, me tomaré mi tiempo para que sean todo lo molones que quiero que sean.
Así que entre tanto, se me ocurre entreteneros con una de "arrebatos", que hace tiempo que no surge ninguno.

El que nos ocupa en cuestión pasó también hace unos cuantos años; vivía aún en "el castillo", con mi hermana, aunque esos días estaba de viaje por Cuba. Tenía a mis dos perros amados, Ruri no había llegado aún a nuestra vida. Trabajaba en Häagen Dazs ¿o en Pozuelo?, y estudiaba el acceso para mayores de 25... Y era también tiempo de tormenta familiar.
Fué por esto último, por uno de esos momentos de "hasta el gorro" de familia, que esa tarde de verano decidí coger mis papeles, mis libros de versos y también mis apuntes de geología y bajar a tomar un largo café mientras enrredaba con mis pensamientos.

Me quedé cerca de casa. En el café Madrid, en la calle Belén. Me gusta mucho más el café Belén que está apenas doblando la esquina, pero aquel día, el Madríd tenía sus contraventanas abiertas y el calorcito veraniego invitaba a esa mesa medio dentro medio fuera.
Ahí estuve un rato largo. Escribiendo, leyendo y finalmente estudiando. Sí, estudiando! no seáis malas! además me encanta la geología.

Y...
por aquel entonces mi vida sentimental era bastante sosa. Sí, había algunas "bolas de nieve"*  de las que se sienten mariposas. Pero estaban físicamente lejos así que... como ni mi corazoncito ni mi cabeza saben estarse quietos... desde hacía varios meses me había fijado en una chica que trabajaba en una galería de arte en la calle por donde paseaba a los perros.
Me había tropezado un par de veces con ella por el barrio. Pero no caí en la cuenta de lo guapa que era hasta el día que se rapó la cabeza !¡. Me crucé con ella aquel día y fué algo así como; - qué?! pero?! uy!
Desde entonces cada vez que nos cruzábamos, yo no podía evitar mirarla y tiempo después ya nos saludábamos. Y yo, tan contenta el día que coincidíamos.
Así pasó el invierno y la primavera...
En mis penamientos inquietos, la llamé Maggie. Maggie me parece un nombre bonito. Maggie como la bebé de los Simpson, como Elisabeth Taylor en la Gata sobre el Tejado de Zinc, como Maggie Smith, como la canción de Rod Steward o como el puré de patatas que tanto me gusta, que se llama Maggi, aunque aquí le pongamos esa "J" tan nuestra.
Ese verano aburrido de "muerte y hemorragias nasales"*  Maggie me alegraba los obligados paseos perrunos.

...Volviendo a aquel día, recordais? estudiando en el café Madrid a eso de las seis de la tarde ese Agosto.
De pronto, entre las placas tectónicas o entre alguna de las edades de la tierra, triásico, paleógeno o cuaternario... la chica de la galería se coló en mis pensamiento.
Y en un gesto tonto, platónico y romántico, miré por la ventana en busca del cielo, cuando, de repente! en el balcón de enfrente! encuentro asomada a Maggie. Enseguida giré la cabeza y disimulé con mis papeles.
Pero acto seguido, entre la desesperacón del verano, de los acontecimientos familiares, entre volcanes, simas y ácidos y protozoos... un acto de locura! Cogí un puñado de folios y escribí:

(en rojo y en letras bien grandes)
 CHICA DE LA GALERÍA :)

(otro folio)
TOMARÍAS UN CAFÉ CONMIGO?
 y no contenta con esto, escribí en tres folios más;
NO? :(

(otro folio) 
QUIZÁS OTRO DÍA?

(último folio)
...

y así, preparada con mi montón de folios, pasé dos horas más esperando a que Maggie volviese a asomarese al balcón.
Seguramente por suerte para las dos, no volvió a asomarse. Yo metí los folios entre mis papeles y marché  para casa. 
Seguimos coincideindo por el barrio mucho tiempo después. Coincideindo con ella sola, con ella y su hermana, con ella y su familia, con ella y algún chico... A la que nuestros encuentros se distanciaron, también se distanciaron nuestros saludos. Hasta el día de hoy en que seguimos tropezando y en que apenas sí cruzamos la mirada.

Y ya está. Esta es la historia de la chica de la galería. Una de esas cosas ridículas y estúpidas que, a quíen se le va a ocurrir si no es a Puntito de Luz? Pero oye, quién sabe qué habría pasado? 
Venga, va! hacer alguna locura esta semana! y luego venir a compartirla aquí conmigo. Seguro que yo la he hecho ya... :)

Sssssssshhhhh!!! Buenas noches...
Por tu culpa Be!!!
 

jueves, 6 de febrero de 2014

A las cinco cada Jueves



Últimamente remoloneo un poco antes de levantarme. O bien por lo mal que duermo cada noche y me tengo que convencer de hacer caso a ese maldito despertador, o porque me quedo haciéndome mimos con Ruri, o porque me despierto demasiado temprano y me quedo dándole vueltas a las dos mil cosas que rellenan mi cabeza.
Esta mañana, como si de un resorte del pasado se tratase, me he despertado pensando “jueves!, día de terapia”, y he esbozado una sonrisa. Acto seguido he abierto los ojos y he caído en la cuenta de que ya no tengo 14 o 17 años. Hace mil años que los jueves ya no hay terapia.

Que qué clase de terapia es esta que recuerdo con una sonrisa os estaréis preguntando.

Pues bien, hace... lo dicho, mil años (se ve también como parte de otra vida lejana)... mi madre me propuso llevarme al psicólogo;
 –para ver porqué no esudias... – me dijo... 
a saber lo que le pasaba por la cabeza en realidad a la buena mujer...
A mí por aquel entonces todavía me parecía correcto y adecuado lo que mi madre pensase o aconsejase. Además, con semejante argumento y siete cates de diez... cualquiera le decía que no.

Mi padre ha sido empleado de banca toda su vida, una de las ventajas, de cuando las cosas eran bonitas y funcionaban, de cuando las empresas mimaban, cuidaban y valoraban a sus empleados, era la colaboradora médica. La Colaboradora médica de el banco de mi padre era una pasada. Mejor que Sanitas o cualquier otra que haya conocido hasta hoy. Y pertenecer todos a la misma empresa, tenía mucho de “familiar”.

Así pues, allá que vamos mi madre y yo a ver a la psicóloga de La Colaboradora. Primera cita: lo típico, un par de test de inteligencia, doscientas preguntas a mí por un lado y a mi madre por el suyo...
Y así después de un par de días, Ana, la psicóloga, me pregunta si me parecería bien asistir a terapia de grupo con chicos de mi edad.
Ana era una mujer muy peculiar. Vestía con mucha clase, su clase. Te miraba que parecía que estaba leyendo tu mente! Cualquiera le decía alguna mentira!  O le intentaba hacer un quiebro en los temas! No no no no! Era buena la jodía!

Durante unos cuatro años, como si una extensión del cole se tratase, los jueves a las 4.45 tenía mi terapia de grupo en Cuatro Caminos.
Las primeras cinco o seis sesiones fueron tensas. Éramos solo cuatro y todavía no nos habían buscado un sitio para estar, así que nos reuníamos en el despacho de Ana que era bastante pequeño. Dos en las sillas, uno sentado en los archivadores y otro en el suelo. Unos éramos tímidos y otros venían obligados...
Después se nos unieron dos chicas más. Ni recuerdo cómo nos metíamos en ese espacio tan pequeño.
Y luego dos más. Ocho adolescentes en plena efervescencia ahí, a exponer las tripas y las entrañas... justo en lo que estabamos pensando en ese momento de la vida...
Al fin nos hicieron una sala de reuniones. Bastante fría... era una sala grande, con una mesa redonda enorme en la que cabíamos todos ampliamente. Un espacio más grande que cortar con cuchillo...

Los dos primeros años, me encantaba llegar cada jueves a la monja de turno a las 4.15 y enseñarle mi justificante para salir una hora antes que el resto de mis compañeros.
Cogía mi 149 y llegaba a la sala de espera. Igor ("el chico conflictivo") y Daniel (que vete a saber porqué está aquí este chico tan normal)  llegaban siempre los primeros. Y Patricia ("sentencia"), Marta ("inocente") y yo solíamos coincidir por las escaleras. Laura (esos ojos penetrantes) y Edurne (misteriosa y silenciosa) siempre llegaban con la hora justa, no importaba demasiado porque Ana (la psico) tampoco era puntual. Macarena (la mayor. Quería ser locutora de rádio) y David (el intelectual que estudiaba piano) casi siempre llegaban tarde.
En la sala de espera nos contábamos la semana. Lo que había acontecido y bromeábamos y nos metíamos los unos con los otros. Pero una vez sentados alrededor de la mesa de terapia, se hacía un silencio rotundo. Ana nos miraba uno a uno a ver quien se decidía a hablar. Casi ninguno lo hacíamos así que ella seleccionaba al elegido. El elegido sacaba tema casi siempre superficial pero así poco a poco íbamos sacando los trapillos de dentro;
-         La rabia de unos con y por la situación con sus padres.
-         El miedo de otro a los atentados de ETA (que le habían tocado de cerca).
-         Los problemas en el instituto con los profesores que te cogen manía.
-         La falta de cariño.
-         La enfermedad muy grave de una madre.
-    El sexo. O más bien, la importancia de...
-         La incomprensión del mundo en general. Y del particular de cada uno.
-         El sentirse pequeño e insignificante.
-         Los primeros amores y desamores.
-         Las primeras borracheras VRs regañinas.
Unos más extrovertidos que otros íbamos apañando nuestra horita y media de reunión.

Pero es curioso; a las pocas semanas de empezar las terapias, adquirimos la rutina de merendar juntos en el McDonals de enfrente antes de marchar a casa.
Aquí, sin Ana, es donde creo, hacíamos nuestra verdadera terapia. Ahí sí, nos lo contábamos todo. Opinábamos todos. Nos reíamos y llorábamos nuestra cosas, las de verdad. Recibíamos y dábamos consejos... celebrábamos los cumpleaños...
Cuatro años...

Hoy, ahora, no nos seguimos la pista. Poco a poco fuimos dejando el grupo y perdiendo el contacto. Eran esos tiempos sin Internet en cada casa, sin Facebook, sin móviles y sin Whats up. Si no apuntabas en una agenda el teléfono y la dirección...
Tropecé un par de veces con Laura, que curiosamente, vivía al lado de otra Laura de mi clase y veraneaba en el mismo pueblo que mis primos. También me encontré con Dani por las instalaciones deportivas también maravillosas que el banco tenía para los empleados.

A una de ellas le cogí un poquito más de cariño que al resto. Esto tan típico en mí...
Le escribí unos cuantos christmas pero debía tener mal la dirección y siempre me los devolvían en Marzo. Fue uno de los primeros nombres que busqué en Facebook. Por suerte, de ella, sí tenía los apellidos. Y por suerte apareció. Unos qué tal te va la vida y una promesa de quedar que ninguna de las dos hemos reforzado. Así quedó la cosa.

Esta es una de las cosas importantes que viví.
Todos los jueves.
Mis compañeros de terapia. Mis amigos de terapia.

Buenas noches sshh.....
Por tu culpa Bé.

P.D; acabo de cambiar el título de la entrada "a las cinco menos cuarto cada jueves" al de "a las cinco cada jueves" que aunque no sea exacto, hace referencia a una peli de suspense- terror de lo 196y... A las nueve cada noche.

lunes, 28 de octubre de 2013

UNA HISTORIA DESORDENADA: De murallas, trenes y gafas

Los buenos ratos.

No todos los días iba la cosa de riñas, malos ratos y ratos en urgencias. Cierto que estos eran demasiado frecuentes, pero… hacía que los buenos días fuesen increíblemente buenos.  

En estos días tranquilos, teníamos nuestros planes favoritos: Algunas veces quedábamos por la mañana (de pellas, claro) y cogíamos el cercanías hasta algún lugar cercano. A Ávila fuimos en más de una ocasión y a Segovia; dábamos una vuelta, comprábamos algunas cosillas para comer y si no hacía mucho frío nos sentábamos cerca de la muralla, si era Ávila, o en algún parque o campito en otros lugares. Él y yo discrepábamos de cine o música o de tonterías del instituto… Nunca hablábanos de casa. De nosotros. 
Siempre llevábamos una pelota de baseball, y nos pasábamos las horas muertas pasándonosla, bien corriendo y lanzando fuerte o simplemente sentados juntos… En esos días hacíamos cosas sencillas de chavales “normales”. 

Algunas tardes nos íbamos al aeropuerto a ver salir los aviones, a él le fascinaban. Conocía todos los modelos y le encantaba demostrarnos su sabiduría y conocimiento en el tema. Algunas tarde le dejábamos casi hablando solo, mientras nosotras nos espachurrábamos en las butacas. Cuando él se cansaba, se espachurraba con nosotras. 
Siempre muy pegaditos. 
Y lo mismo que sabía de aviones, sabía de trenes. Nos arrastró en más de ocho ocasiones al museo del ferrocarril. 
 – ¡Nos lo sabemos ya de memoria! 
Daba igual. Era genial verle disfrutar y freír a la tía del museo a preguntas. Supongo que este afán suyo por los transportes tendría que ver con su huir de las cosas. 

Fuimos al cine, una única vez. A la sesión de las 12.30 del medio día en la Vaguada. Vimos “Al filo del abismo” (un pase especial, claro. La peli es del 88)una de patinadores, con un jovencísimo Christian Slater. Hoy me sigue encantando esa película... 

Los días en que Ellyn salía con nosotros tenían siempre algo de magia. Ella es de esas personas que ilumina una habitación sólo con su presencia. Capaz de hacerte sacar lo mejor y más positivo de ti. De llenarte de alegría y de ganas de vivir y sacar lo más positivo que, de nosotros tres, no era cosa fácil. Seguramente esa energía suya era la que nos convencía de abrir nuestro mini círculo y dejarla entrar y trastearnos las rutinas, “los conceptos”... Ellyn. 

Pasamos también muchos ratos buenos, esto no es tan normal, en la consulta del oculista de él. 
Estos ratos eran, de los que aprovechábamos nosotras, para “ser nosotras dos”. 
La consulta. Esto merece un capítulo a parte! 
Él tenía unos preciosos ojos verdes- grises muy claros, y... una especie de alergia a la luz, por lo que aumentaba dioptrías más rápido de lo que le crecía el pelo. La primera solución que le buscaron, fueron gafas de sol para todo momento; las usaba de día, de noche, en la calle, en casa, hasta tenía unas gafas especiales para la ducha o para la piscina. También tomaba unas pastillas y se echaba unas gotas que le escocían horrores. Siempre nos pedía que se las echásemos alguna de las dos, luego, a soplar un buen rato. La consulta estaba por el barrio de Salamanca. Era una de esas casas antiguas con altos techos, escayolas y suelos de tarima escandalosa. A la entrada estaba la mesa de la recepción siempre desordenada y llena de papeles. Y rara vez estaba la recepcionista que tenía todos los años del mundo y alguno más. Con sus gafitas doradas con cordel, su pelo blanco ensortijado y esa voz quebrada de anciana. De las ventipico consultas a las que asistimos, nos tropezamos apenas tres con la pequeña mujer. 
Después había un largo pasillo con una alfombra roja que siempre estaba arrugada. Y toda la pared del pasillo repleta de diplomas y títulos del buen doctor. La tercera puerta a la derecha era la sala de espera. Era una habitación hueso, con dos sofás de piel verduzca ya algo pasada, un radiador inmenso de hierro con relieves de hojas gris y un par de mesitas llenas de revistas de cotilleos de muchos años atrás. En una mesita redonda con ruedas, unos vasos limpísimos y una jarra de agua, que sorprendentemente siempre tenía hielos frescos. A nosotros nos llamaba tanto la atención este hecho, que una vez metimos la mano para asegurarnos de que no eran unos hielos falsos de plástico. Pero no, eran de verdad. Esa anciana invisible estaba en todo!!! 
No sé si ya he comentado que ella apenas hablaba. Rara vez participaba en alguna de nuestras conversaciones, daba su opinión de algo o protestaba. Te miraba y te tocaba interpretar lo que pasaba por su mente. Al principio era algo raro, pero pronto resultó algo muy sencillo (intuir, entender, saber, sentir). Una vez, ya al final de “nuestra historia”, cuando los bebés de Ellyn habían nacido, le sorprendí hablando con uno de ellos. Seguramente no estuvo bien, pero no pude evitar quedarme ahí escuchando sin que me viese. Escuchando su voz y sus palabras. Creo que al rato ella notó mi presencia, pero continuó. Quizás fue un regalo que me hizo. ¿Por qué no hablaba?, nunca lo supimos. Nosotros lo hablamos algunas veces y nuestra mejor conclusión era que no hablaba, porque no le gustaba lo que tenía que decir… 
Así que sin apenas hablar, en mitad de un silencio limpio y sosegado nos quedábamos las dos solas. Media hora, diez minutos... nunca sabíamos el tiempo que se nos regalaría ese día en cuestión. 
Nuestro tiempo. Suyo y mío. 
Y de nadie más. 



Por tu culpa Be! 
Buenas noches sssshhhhhhhhhh!!

miércoles, 16 de octubre de 2013

Ceremonias de esas que también pasan...




Todavía con resaca de los últimos acontecimientos, quería retomar los post a medio escribir y otras ideas que me rondan siempre por la cabeza.
Y quería cambiar de tercio y dejar todo esto de muertes y cosas tristes, tanto, que llevo una semana planteándome si escribir esto o no. Pero la verdad es que es una cosa tan curiosa y surrealista y de esas que me pasan o pasan a mi alrededor, que tenía que contárosla. Total, si seguís leyendo es que un poquito os gustan.

Como la mayoría sabéis, para mi desgracia no soy nada creyente. Ni en dioses, ni Jesuses, ni en resurrecciones y demás. Pero mi tía, un poco, que tampoco demasiado... un poco sí. Y nos preguntó si no nos importaba que pidiese una misa por mi madre.
Me podría poner radical, ani Iglesia y todas esas cosas con las que se me llena la boca a veces, pero... así mismo creo, que el dolor y estas cosas, cada uno necesita liberarlas a su manera e ir colocándolas con toda la ayuda y todas las herramientas que uno encuentre a su paso. Y si a mi tía le hace sentir mejor... si le alivia un poquito la pena... no seré yo la que le niegue una misa.
Además me explicaba que se imaginaba; como de verdad haya otra vida y se reencuentre con mi abuela, ésta la mataba por no hacerle una misa a su hermana. Bien pensado... más vale prevenir, que mi abuela Nines gastaba mucho genio, las pocas veces que lo gastaba.

Pues bien, llega el día. Y llega la hora. 
Ahí estamos toda la familia. Casi casi toda! Incluso una pequeña representación de los de Toledo o los de Barcelona. Somos unos cuantos.
- Todos estos son familia de Abi? -preguntaba Nana anonadada...
 
Primero el cura nos dice que no era a en punto, que a y media... así que ahí nos vamos en peregrinación al bar más cercano a tomar una cocacola.
Pero cuando llegamos a las “y media”, en la iglesia hay otra familia. Y un pequeño cuarteto de cuerda, con soprano y tenor y todo. Y reparten un folleto anunciando el funeral de un tal Jose...
Mi tío entra a hablar con el cura y este le pide disculpas y le dice que se les olvidó apuntar la fecha!!! Imaginaros el disgusto de mi pobre tía!!!
Y para “arreglarlo” dice el cura que no pasa nada, que incluye a mi madre en esa misa y listo.
Así que ahí estamos. Familia Alonso infiltrada en el funeral de un buen hombre...

Empieza la misa y oye! Incluso va a quedar más bonita que una misa normal, porque tenemos al cuarteto y a los cantantes que no lo hacen nada nada mal.
Mi tía entre la pena, la situación y el bochorno... llora que te llora. Aguantando el tirón.
Y nosotros; mi hermana y yo. Haciendo acto de presencia...

La misa, pues bonita, imagino... reconozco que no presto mucha atención a lo que va contando el señor cura, por miedo a que diga algo que me indigne mogollón o que crea que indignaría a mi madre. Además tengo a Nana al lado. Es la primera vez que está en una ceremonia, comportándose, seria y confusa, tiene 5 años. Así que mientras el cura habla, ella me pregunta cosas.
-         Quién es el que está ahí arriba? (en el altar)
-         Es Jesús.
-         Ah. (pausa larga) Entonces es un chico?
Al rato mientras se entretiene con el folleto del funeral de Pepe, me pregunta;
-         Y esta señora con vestido y capas? (en el frontal del folleto hay una imagen de la Virgen)
-         Esta es la Virgen María y ese es Jesús pero cuando era un bebé.
-         Cinco!!! Nos hemos levantado ya cinco veces!!!
Está claro que la pobre no entiende muy bien qué hacemos ahí sentándonos y levantándonos, todos tan serios, mi tía llorando... ella lo vive con tranquilidad.
También le preguntó a Tisha qué hacía toda esa gente en la fila (hora de comulgar). Tisha me mira con cara de “socorro! Qué le digo!” y me la remite a mí... Esta pregunta es más difícil!
-         Van a que les den un trocito de pan. – le digo mientras pienso –que no me diga que también quiere pan!
 
Es en una de estas, cuando el cura detiene su oratoria para dejar pasa o a la música. Y es entonces cuando la familia de Alonsitos escuchamos confusos y desorientados, tachan!!!
El himno nacional.
No tardamos en reaccionar. Empiezan las miradas de asombro y duda y el descojono interno individual. Optamos por no mirarnos los unos a los otros, porque sino el ataque de risa es irremediable. Yo oía a mi primo Dani, ya con tos y todo de la risa. Mi prima Sonia tuvo que sentarse para que no se le notase. Y la cara de mis tíos... un poéma.
Además, y esto seguro que lo compartís el 97% de vosotras, escuchar el himno nacional supone irremediablemente que tu cabecita tararee por dentro eso de;
Franco, Franco que tiene el culo blanco, porque su mujer lo lava con Ariel!!!

Bueno, recuperamos la compostura. La seriedad. Esto va llegando a su fín.
Y yo puedo aguantar el tirón. Abstraerme de lo que está pasando. Obviar lo que está pasando para que no se me agarre la pena al corazón y no llorar. Llorar en público me da vergüenza. Puedo hacer nudo y nudo y nudo de garganta y tragármelo como una campeona sin que a penas se me note. Y puedo evitar las lágrimas e incluso el temblor de barbilla... Pero... ver llorar a los demás... escuchar a mi hermana un sollozo... ver a Tisha (ella, tan dura que quiere aparentar siempre) moquear como una niña... y la música. Música malvada! Ahí os querría haber visto yo sin soltar una gotita de pena.

Llega el momento en que un familiar de Pepe sube al púlpito a contar cosa del buen hombre. Por lo visto era cocinero y tenía una cadena de restaurantes y todo!

 Yo pienso que el que salgan a recordar a Pepe y no salgamos ninguno de nosotros a recordar a Mili... va a ser muy raro. Y pobre tía mía.
NO! no salí yo! Yo hago todo el ridi que haga falta por escrito, pero así en vivo y en directo no me subo yo a ningún lado.
Mi tío subió. Improvisó cuatro o cinco frases bonitas. Y algún que otro taco por la enfermedad que no se merecía...
Yo se lo agradecí mogollón. Fue bonito.
La familia de Pepe, estaba flipando...

Y así acabó el funeral.
Fue emotivo, sorprendente y... en fín. La conclusión final de la familia fue que este cúmulo de desastrosos acontecimientos eran obra de mi madre y que ahí estaría riéndose de todos nosotros. Merecido lo tenemos por hacerle misas... Mi mamá...



! Por tu culpa Be!
Buenas noches ssshhhhhhhh

martes, 1 de octubre de 2013

Estas cosas de estos momentos que... la vida misma




Hoy os voy a contar una cosa muy familiar, de mi familia y sus cosillas.
Es una anecdota bonita, de esas que surgen en los momentos difíciles...

-Ays, es un poco así... no sé cómo contarlo bien para que no suene morboso, o macabro o irrespetuoso! Ni mucho menos! A la que vais leyendo, no olvidéis en ningún momento que está escrito desde el más grande de los cariños. Empiezo:

Hace ya unos diez años mi abuela moría y celebramos todos los rituales habituales. No quería entierros y demás así que... bla, bla, bla, bla, bla, las cenizas.

Mi abuela tiene dos hijas, mi madre, y mi tía (-obvio...)
En un principio, fue mi madre la que se quedó con la urnita. La guardamos, con mucho mimo, en un mueble de caoba labrado que ella adoraba, hasta que se nos ocurriese otro sitio mejor, como plantar unos rosales o buscar el sitio más precioso.
Al poco tiempo, mi tía nos pidió unas poquitas cenizas para tenerlas cerca. Ella también estuvo dudando en qué hacer con ellas; pensó en llevarlas a Robledo, pero mi abuela odiaba Robledo y seguro que sería capaz de aparecerse para regañarla. Y bastante gente se aparece ya en Robledo!...
Después pensó en una jardinera en su casa... pero debió darle no sé qué.
Finalmente decidió llevarlas a un parque cercano a su casa donde llevaban a mi primo a jugar cuando era pequeño. 

Os pongo en situación;
Mi tía, mis tíos, son... siempre bien vestidos, bien maquillada y como mi abuela nos enseñó a todos, muy correctos, muy formales y muy educados.
Así una noche, ya de madrugada, salen los dos camino del parque a buscar un huequito en que dejar a mi abuela. Os imagináis? Ellos tan formales, él un gran abogado, con su Jaguar, sus trajes inmaculados... ella tan señora, con su chaquetón de piel... haciendo un agujerito entre uno de los maceteros del parque a la luz de la luna.

Desde entonces, mi tía se sienta de vez en cuando en el parque, en un banco justo al lado de mi abuela y de vez en cuando le deja una flor y charla con ella. Es bonito.

El día que mi madre murió, nos contó que justo la tarde anterior había ido allí, a sentarse con mi abuela y a pedirle 
–Llévatela ya mamaita que está sufriendo.
Eso fue muy bonito...