martes, 1 de octubre de 2013

Estas cosas de estos momentos que... la vida misma




Hoy os voy a contar una cosa muy familiar, de mi familia y sus cosillas.
Es una anecdota bonita, de esas que surgen en los momentos difíciles...

-Ays, es un poco así... no sé cómo contarlo bien para que no suene morboso, o macabro o irrespetuoso! Ni mucho menos! A la que vais leyendo, no olvidéis en ningún momento que está escrito desde el más grande de los cariños. Empiezo:

Hace ya unos diez años mi abuela moría y celebramos todos los rituales habituales. No quería entierros y demás así que... bla, bla, bla, bla, bla, las cenizas.

Mi abuela tiene dos hijas, mi madre, y mi tía (-obvio...)
En un principio, fue mi madre la que se quedó con la urnita. La guardamos, con mucho mimo, en un mueble de caoba labrado que ella adoraba, hasta que se nos ocurriese otro sitio mejor, como plantar unos rosales o buscar el sitio más precioso.
Al poco tiempo, mi tía nos pidió unas poquitas cenizas para tenerlas cerca. Ella también estuvo dudando en qué hacer con ellas; pensó en llevarlas a Robledo, pero mi abuela odiaba Robledo y seguro que sería capaz de aparecerse para regañarla. Y bastante gente se aparece ya en Robledo!...
Después pensó en una jardinera en su casa... pero debió darle no sé qué.
Finalmente decidió llevarlas a un parque cercano a su casa donde llevaban a mi primo a jugar cuando era pequeño. 

Os pongo en situación;
Mi tía, mis tíos, son... siempre bien vestidos, bien maquillada y como mi abuela nos enseñó a todos, muy correctos, muy formales y muy educados.
Así una noche, ya de madrugada, salen los dos camino del parque a buscar un huequito en que dejar a mi abuela. Os imagináis? Ellos tan formales, él un gran abogado, con su Jaguar, sus trajes inmaculados... ella tan señora, con su chaquetón de piel... haciendo un agujerito entre uno de los maceteros del parque a la luz de la luna.

Desde entonces, mi tía se sienta de vez en cuando en el parque, en un banco justo al lado de mi abuela y de vez en cuando le deja una flor y charla con ella. Es bonito.

El día que mi madre murió, nos contó que justo la tarde anterior había ido allí, a sentarse con mi abuela y a pedirle 
–Llévatela ya mamaita que está sufriendo.
Eso fue muy bonito...



2 comentarios:

Lala dijo...

Hace una semana la tía me conto la historia, no es morbosa, es bonita. Qiero creer que tu abuela, el mio, Carmen, tu madre... están en algún lugar, todos juntos con el resto de la familia y que desde allá velan por nosotros.
Y recuerda que aunque no hablemos por teléfono, aunque pase tiempo sin vernos... te quiero mucho

Javier Rilova dijo...

No me ves, pero ahora mismo tengo los ojos rojos por lo bonita que es tu historia, tan triste, tan estas cosas de estos momentos...

Un besazo, tengo muchas ganas de verte y darte un abrazo.