jueves, 2 de mayo de 2013

UNA HISTORIA DESORDENADA: Recuerdos lejanos, sentimientos de bolsillo...

Era navidad. Se aproximaba su cumpleaños, 26 de diciembre, y tú y yo habíamos quedado para comprarle un regalo.
Después de esperar más de veinte minutos en tu portal, y conociendo como se las gastaban en tu casa, decidí subir a buscarte.
Intuí ya lo que me iba a encontrar. Intuía ya, que era una de esas veces...

Llamé a la puerta, 3B, pero, y aunque oía ruido en el interior, nadie me abrió. Insistí varias veces y esperé unos diez minutos, hasta que tu hermano abrió la puerta. (él se marchaba).

- Tú qué quieres? - me dijo.
- Está ella? .
- Mi padre no está, tú misma…- y se marchó dejando la puerta abierta.

Yo no le entendí muy bien. No sabía si eso quería decir que pasase… lo que parecía seguro es que habían estado de bronca, así que entre la incertidumbre, el miedo y algo de vergüenza pasé a ver. Fui por el pasillo, preguntando a los niños que salían a mi paso. Al final, una pequeña me dijo que estabas en el baño.
Llamé a la puerta;

- (tu nombre)?

Insistí un par de veces más antes de empezar a desesperar, y aporrear la puerta. Finalmente, la puerta se abrió. Pasé, y te encontré medio vestida o medio desnuda, con una camisa interior de tirantes blanca y un calcetín, sentada en el suelo al lado del borde de la bañera, con el grifo abierto y una cuchilla en la mano.

- Sola no me atrevo. Ayúdame – me dijiste serena como siempre.

Hasta ese día yo no te había visto llorar.
Pasé, y cerré la puerta, porque oí llegar a la “malvada madrastra”; esa que había pasado los últimos diez años embarazada trayendo críos a esa casa de locos y que hacía oídos sordos y ojos ciegos a lo que pasaba…
Extendí mi mano y sin mirarme me dijiste;

- No… para qué? – fue entonces cuando por primera vez, te viniste abajo, y empezaste a llorar desconsolada, y con una rabia que no te conocía...

Me acerqué y forcejeamos un poco, no querías soltar la cuchilla. Al final se nos escapó y me hizo un corte en el párpado. Fue un corte tonto. Un arañazo de nada. Pero lo justo para que dejásemos de “pelear”.
Y en ese momento, no supe reaccionar ante tu cara de terror. Solo se me ocurrió besarte. Solo me salió besarte. Y me devolviste el beso. Nos besamos, y nos echamos a llorar.

Nos quedamos así… no sé, un rato largo. No pregunté lo que había pasado. Apenas había golpes… así que solo había que imaginar.
Tras serenarnos, te invité a vestirte, y a salir de aquella casa de infierno. Dudaste un rato, porque tenías miedo de que tu padre volviese y no estar ahí para proteger a los pequeños. Yo en ese momento… pensaba en mi amiga… ¡sálvese quien pueda! Yo solo podía intentarlo contigo.

Finalmente salimos. Y una vez en la calle, caminamos e hicimos nuestras compras, como si nada hubiese pasado; pero con la nube sobre nuestras cabezas. Fue una tarde de ambiente extraño.

- No iba ha hacerlo. Perdóname.

Fueron las únicas palabras al respecto. Así, mientras caminábamos y comprábamos un jersey azúl con botones de madera en el cuello y unas zapatillas rojas con cordones negros.
Te pedí que durmieses ese día en su casa. Lo hacías muchas veces. Casi siempre que había jaleo o que tu padre te largaba de casa.

- Si no voy, luego es peor. Además si me presento en su casa, se imaginará la movida y ya sabes como se pone.

Tenías razón. Él se liaría a golpes con las paredes y las cosas, o intentaría enfrentarse a tu  padre...

De lo que pasó ese día, de tu encierro y tus intenciones en el baño, no hablamos nunca. Nunca. Ni se lo contamos a nadie.
Quedamos en que sería nuestro secreto y así fue.
Y respecto al beso… bueno, fue el principio. Aunque tardamos tiempo en entender de qué se trataba. Pasaron unas cuantas semanas hasta que volvimos a estar solas. Y más, hasta otro momento mágico de intimidad. Besos y caricias, nunca pasamos de ahí, pero eran suficientes. Pasar la mañana abrazadas viendo una película, era suficiente. Suficientes para nuestros sentimientos, para sentirnos. Y demasiado bonito e intenso para explicar.

Hoy hace ya muchos años. Parece otra vida...

Y hace muchos años también que en un mes de abril lluvioso como este, me y nos dejaste para siempre. Pero las cosas importantes, las más importantes, nunca se olvidan y es como si estuviesen marcadas a fuego. No se distancian. Los sentimientos, la esencia, vosotros, nuestra historia, tú... no se me olvida.

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1 comentario:

Zahira García dijo...

:o Jope, que bonito, que bien escrito... no tengo ni palabras para describir lo que me ha gustado, de verdad.
Me has dejado con ganas de que en vez de un relato corto, seguir leyeno quiero leerte más!
Has descrito un tema tan duro con tanto cariño...

Aquí tienes una fiel lectora de Blog!!