domingo, 3 de septiembre de 2017

En forma



Nunca he sido “persona de gimnasio”. Me aburre soberanamente. Me resulta un lugar frío, artificial, antipático, superficial…
Porqué corre la gente sobre una cinta en una sala llena de desconocidos sudorosos pudiendo hacerlo en el Parque del Retiro, la Casa de Campo o por el Paseo del Prado?

Peeeero, así es la cosa;
algunos ante los malos momentos, las depresiones o la vida patas arriba, se os quitan las ganas de comer. A otros, como es mi caso por desgracia, nos da por literalmente comernos las penas con pan.
Con pan, con tacos, con helados, con bollos lo más industriales posibles, con patatas en cualquiera de sus variedades…
Y como ya sabéis, porque soy muy pesada y os lo repito mucho, los últimos 6 años han sido de mucha pena. Aproximadamente de unos 16kilos de pena.

No me considero para nada una persona sedentaria. Camino, me movía en bici (hasta que me esmorroñé. Ahora le he cogido algo de miedo. Pendiente de retomar). No utilizo ascensores, y hay muchas muchas escaleras en mi vida. Me apunto a cualquier actividad deportiva que surja y trabajo en hostelería, que es algo que no te deja mucho tiempo para relajar el cuerpo. Aún así, los kilos avanzan sin tregua en mi maltrecho cuerpecito.
Pero así, estudiando la situación, una va sacando sus propias conclusiones; como que ese ejercicio que practicas cada día, como las escaleras, la bici o el trabajo, no computan. Digamos que para el cuerpo es lo que hay. No computan para adelgazar y OJO con dejar de practicar! porque sí computan para engordar.

Y así y gracias a la apertura de uno de esos low cost en el barrio, llegamos al gimnasio.

Ahí estoy yo en mitad de esas máquinas infernales salidas de la imaginativa de vete tú a saber qué torturador. Al principio dan hasta miedo. Tienen un dibujito que te explica cómo utilizarlas y para qué sirven, pero no siempre queda claro del todo y yo prefiero mirar así de reojillo al compañero al que cedo el artilugio.

La elíptica. Y ese cacharro?! Yo la utilizo mucho, pero, qué se supone que hago, correr, caminar, montar en bici, esquiar con esos bastones?
El primer día conseguí no matarme ni al subir, ni al bajar. Y aguanté tres minutos antes de empezar a perder la visión. Si no le coges el punto, eso corre más de lo que una puede abarcar. Ahora soy toda una profesional, capaz de aguantar mis tres cuartos de hora subiendo y bajando cuestas imaginarias mientras sudo la gota gorda.

No utilizo demasiado el resto de aparatos. Con la cinta no me he atrevido. Algún día que no haya nadie en diez metros a la redonda, igual me decido a subir, que me da miedo ser como el perro ese de Facebook y acabar patas arriba tirada en el suelo.

Me he apuntado a las clases colectivas. Me gusta mucho el X-Core, que es como un aerobic a lo Eva Nasarre de toda la vida, pero con un cilindrito cabrón relleno de unos 3kg de arena y con el que vas marcando el ritmo a la que estiras piernas y metes abdomen y levantas brazos y miras hacia el espejo y estiras rodillas y tocas con la barbilla no sé qué… Es divertido.
El body- pump tampoco me he atrevido a probarlo. Durante los ejercicios tienes que andar montando y desmontando pesas, discos, el step… demasiado para mí. Para mi sentido del ridículo vaya. Que soy capaz de montarlos mal y matarme o peor, matar a alguien.
Con Zumba tampoco me atrevo. Sí, ya sé que es fácil y divertido, pero me da muchísima vergüenza bailar!!! Algún día, porque esa gente parece pasarlo muy muy bien.
Body balance. Éste está muy bien. Mezclas pilátes, con yoga, con tai- chí…
Cansa lo justo, estira lo necesario y poquito a poco consigo hacer los equilibrios imposibles para una pies planos como yo.
Esta clase termina siempre con diez minutos de relajación. Apagan la luz, te tumbas y te empiezan a susurrar hacia dónde se mueve el aire  y otras tontunas. Funciona, la gente se relaja.
Yo no me quedo. No sé que tendrá eso de la relajación, pero yo acabo llorando a mares, tanto, como para que la profesora se acerque a preguntar si estoy bien.
No sé. Será eso de bajar la guardia? Será ese “silencio” que me come desde los pies…

Anécdotas del lugar;
1ª Que el área de pesas, ese donde están todos los machos sudando a mares, huele a colonias y no a sudor.
2ª La pasta que os dejáis en zapatillas!!! Claro, desde la elíptica como no hay nada mejor que hacer, me dedico a observar. Y de verdad que no he visto todavía a nadie con unas cutres zapatillas de oportunidades del Corte Ingés como las mías… Qué pijazos sois.
3ª El vestuario. Ese lugar en el que de golpe y porrazo se le quita a una la vergüenza.
Ese lugar donde puedes estar metiendo tus cosas en tu taquilla en bragas y sujetador y que se te presente en bolas tu prima.
-         Hombre, hola! Tú por aquí? Qué tal?
Menos mal que para esas cosas de la desnudez yo no tengo vergüenza ninguna… Sí, me despeloto sin problemas, pero no bailo. Así de rarita soy.

4ª Chicas! Utilizáis braguitas de usar y tirar? Porque no hay semana que no se encuentre una unas bragas colgadas en la ducha o un coletero, etc, etc, etc…
Si la señora de la limpieza no es escrupulosa, debe tener un cajón de ropita interior de primeras marcas gratuito que no veas…
5ª Los tatuajes. Y es que la ropa de gimnasio es lo que tiene, que deja muy poquito a la imaginación y mucho al aire, entre esto, mil y un millón de tatuajes. Esto daría para un post entero si pudiese una colarse con una camarita de fotos. Bonitos, feos, grandes, diminutos, de esos que te dejan pensando y canallas, porque madre mía, hay cada cosa por ahí. 

En fín, estas son mis aventuras de gimnasio. Ese rollo de sitio al que me obligo a ir cada día de momento con cero resultados y bastante frustración.

Cómo os torturáis vosotras?

Ssssssshhhh!!! Buenas noches
Puntito de luz.

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